Mantenernos
siempre actualizados es esencial, desde las herramientas que
usamos en el aula hasta las formas que moldean las vías de educación. El cambio
es la única constante.
Reconocer el funcionamiento y procesos que
envuelven al cerebro y su constante aprendizaje es crucial para poder afinar
aún más las técnicas educativas. Las implicaciones de su funcionamiento moldean
las formas en que absorve el conocimiento, lo procesa y almacena.
La #NeuroEducación es una corriente que busca que
nos entendamos para hacernos entender. Démosle un vistazo a estas 8 estrategias
basadas en ella y seamos parte del cambio.
1. NUESTRO CEREBRO
CAMBIA Y ES ÚNICO
El cerebro humano es extraordinariamente plástico,
pudiéndose adaptar su actividad y cambiar su estructura de forma significativa
a lo largo de la vida, aunque es más eficiente en los primeros años de
desarrollo (periodos sensibles para el aprendizaje). La experiencia modifica
nuestro cerebro continuamente fortaleciendo o debilitando las sinapsis que
conectan las neuronas, generando así el aprendizaje que es favorecido por el
proceso de regeneración neuronal llamado neurogénesis. Desde la perspectiva
educativa, esta plasticidad cerebral resulta trascendental porque posibilita la
mejora de cualquier alumno y, en concreto, puede actuar como mecanismo
compensatorio en trastornos del aprendizaje como la dislexia y el TDAH.
La prueba
Maguire, E. A. et al. (2000): “Navigation related structural change
in the hippocampi of taxi drivers”, PNAS 97.
En este estudio se analizó el hipocampo de los
taxistas de Londres, ciudad caracterizada por su amplio callejero. Se comprobó
que el tamaño de esta región cerebral, implicada en el aprendizaje y la memoria
espacial, era mayor en los taxistas que en el resto de conductores. Además, el
tamaño del hipocampo de los taxistas más expertos era mayor que el de los menos
expertos.
Implicaciones
educativas
El hecho de que cada cerebro sea único y particular
(aunque la anatomía cerebral sea similar en todos los casos) sugiere la
necesidad de tener en cuenta la diversidad del alumnado y ser flexible en los
procesos de evaluación. Asumiendo que todos los alumnos pueden mejorar, las
expectativas del profesor hacia ellos han de ser siempre positivas y
no le han de condicionar actitudes o comportamientos pasados negativos.
En cuanto al tratamiento de los trastornos del
aprendizaje, hay diferentes programas informáticos que han demostrado su
utilidad en la mejora de determinadas capacidades cognitivas como la memoria o
la atención. En concreto, Fast ForWord de Scientific Learning Corporation
(avalado por Michael Merzenich) es un programa para estudiantes
disléxicos que ha ayudado a compensar las dificultades que tienen con el
procesamiento fonológico (ver figura 1). Este tipo de entrenamiento continuo
mejora la comprensión del lenguaje, la memoria y la lectura.
2. LAS EMOCIONES SÍ
IMPORTAN
Las emociones son reacciones inconscientes que la
naturaleza ha ideado para garantizar la supervivencia y que, por nuestro propio
beneficio, hemos de aprender a gestionar (no erradicar). La neurociencia ha
demostrado que las emociones mantienen la curiosidad, nos sirven para
comunicarnos y son imprescindibles en los procesos de razonamiento y toma de
decisiones, es decir, los procesos emocionales y los cognitivos son
inseparables (Damasio, 1994). Además, las emociones positivas facilitan la
memoria y el aprendizaje (Erk, 2003), mientras que en el estrés crónico la
amígdala (una de las regiones cerebrales clave del sistema límbico o “cerebro
emocional”) dificulta el paso de información del hipocampo a la corteza
prefrontal, sede de las funciones ejecutivas.
Si entendemos la educación como un proceso de
aprendizaje para la vida, la educación emocional resulta imprescindible porque
contribuye al bienestar personal y social.
La prueba
Informe Fundación Botín (2008): Educación emocional
y social. Análisis internacional. Santander, Fundación Marcelino Botín.
En este estudio internacional basado en cientos de
investigaciones en las que han participado más de 500.000 estudiantes de
educación infantil, primaria y secundaria se ha demostrado que los programas de
educación emocional sistemáticos afectan al desarrollo integral de los alumnos:
disminuyen los problemas de disciplina, están más motivados para el estudio,
obtienen mejores resultados académicos, muestran actitudes más positivas y
mejoran sus relaciones.
Implicaciones
educativas
Los docentes hemos de generar climas emocionales
positivos que faciliten el aprendizaje y la seguridad de los alumnos. Para ello
hemos de mostrarles respeto, escucharles e interesarnos (no sólo por las
cuestiones académicas). La empatía es fundamental para educar desde la
comprensión.
Aunque hay muchas actividades en las que se pueden
fomentar las competencias emocionales a través de un proceso continuo (se
pueden utilizar diferentes recursos didácticos para suscitar la conciencia
emocional como videos, fotografías, noticias, canciones, etc.), proponemos una
relacionada con la lectura (Filella, 2010): se dedica un tiempo semanal en el
aula a la lectura individual de textos que el alumno ha elegido según su propio
interés (con el paso del tiempo se puede orientar hacia textos específicos). La
lectura ha de ser en silencio y, posteriormente, se han de proponer actividades
como resúmenes, dibujos, esquemas,… relacionados con la misma. Una forma
sencilla de mejorar la atención, la comprensión, el aprendizaje y de fomentar
emociones positivas en el alumnado.
3. LA NOVEDAD
ALIMENTA LA ATENCIÓN
La neurociencia ha demostrado la importancia de
hacer del aprendizaje una experiencia positiva y agradable. Sabemos que estados
emocionales negativos como el miedo o la ansiedad dificultan el proceso de
aprendizaje de nuestros alumnos. Pero, en la práctica cotidiana, han
predominado los contenidos académicos abstractos, descontextualizados e
irrelevantes que dificultan la atención sostenida, que ya de por sí es difícil
de mantener durante más de quince minutos (Jensen, 2004). A los seres humanos
nos cuesta reflexionar, pero somos curiosos por naturaleza y es esta curiosidad
la que activa las emociones que alimentan la atención y facilitan el
aprendizaje.
La prueba
Waelti, P.; Dickinson, A.; Schultz, W. (2001): “Dopamine responses
comply with basic assumptions of formal learning theory”, Nature 412.
Este estudio demuestra que para optimizar el
aprendizaje no es importante la recompensa sino lo inesperado de la misma.
Analizando la respuesta de neuronas dopaminérgicas se comprobó que se activaban
cuando el organismo tenía una determinada expectativa y la respuesta conductual
era mejor de lo que se esperaba. De lo anterior se concluye que,
tanto en el nivel neuronal como en el conductual, lo importante para el
aprendizaje es la anticipación de la recompensa y no el simple premio.
Implicaciones
educativas
No es suficiente que pidamos a los alumnos que
presten atención (“Mamá, no es que tenga déficit de atención, es que no me
interesa” se leía en la camiseta de un reconocido investigador) sino que hemos
de utilizar estrategias prácticas que fomenten la creatividad y que permitan a
los alumnos participar en el proceso de aprendizaje sin ser meros elementos
pasivos del mismo.
Para ello, es útil aprovechar los primeros minutos
de la clase para enseñar los contenidos más importantes para luego seguir con
bloques que no superen los diez o quince minutos y así poder optimizar la
atención. Al final de cada bloque se puede dedicar un tiempo para reflexionar
sobre lo analizado o, simplemente, hacer un pequeño parón para afrontar el
siguiente. Todo ello debería ser complementado por un profesor activo que se
mueve por el aula y cambia el tono de voz porque los contrastes sensoriales
atraen la atención del alumno.
4. EL EJERCICIO
FÍSICO MEJORA EL APRENDIZAJE
La práctica regular de la actividad física
(principalmente el ejercicio aeróbico) promueve la neuroplasticidad y la
neurogénesis en el hipocampo, facilitando la memoria de largo plazo y un
aprendizaje más eficiente. Además, no sólo aporta oxígeno al cerebro
optimizando su funcionamiento, sino que genera una respuesta de los
neurotransmisores noradrenalina y dopamina que intervienen en los procesos
atencionales. El ejercicio físico mejora el estado de ánimo (la dopamina
interviene en los procesos de gratificación) y reduce el temido estrés crónico
que repercute tan negativamente en el proceso de aprendizaje.
La prueba
Aberg M. et al. (2009), “Cardiovascular fitness is associated
with cognition in young adulthood”, PNAS.
Se realizó un estudio longitudinal en el que
participaron más de un millón de suecos. Se demostró que las aptitudes físicas
entre los 15 y los 18 años predecían la capacidad intelectual a los 18 años de
edad, medida con una serie de pruebas de lógica, verbales y visuoespaciales.
Además, se comprobó que la resistencia aeróbica durante la adolescencia guarda
una relación directa con el nivel socioeconómico y los logros académicos en la
edad adulta.
Implicaciones
educativas
Los estudios demuestran que se han de
potenciar las clases de educación física, dedicarles el tiempo suficiente y no
colocarlas al final de la jornada académica como se hace normalmente.
Se deberían fomentar las zonas de recreo al aire
libre que permitan la actividad física voluntaria y aprovechar los descansos
regulares para que los alumnos puedan moverse. Un simple ejercicio antes del
comienzo de la clase mejora en los niños su predisposición física y psicológica
hacia el aprendizaje, con mayor motivación y atención (Blakemore, 2011).
Junto a la actividad física, son muy importantes
también la adecuada hidratación (se ha de permitir a los niños beber agua en
clase), hábitos nutricionales apropiados y dormir las horas necesarias (se sabe
que los adolescentes necesitan dormir más). Por ello resulta conveniente la
enseñanza de estos hábitos no sólo a los alumnos sino también a los padres.
5. LA PRÁCTICA
CONTINUA PERMITE PROGRESAR
El cerebro conecta la nueva información con la ya
conocida, por lo que aprendemos mejor y más rápidamente cuando relacionamos la
información novedosa con los conocimientos ya adquiridos. Para optimizar el
aprendizaje, el cerebro necesita la repetición de todo aquello que tiene que
asimilar. Es mediante la adquisición de toda una serie de automatismos como
memorizamos, pero ello requiere tiempo. La automatización de los procesos
mentales hace que se consuma poco espacio de la memoria de trabajo (asociada a
la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas) y sabemos que los
alumnos que tienen más espacio en la memoria de trabajo están más dotados para
reflexionar (Willingham, 2011).
La prueba
Bahrick, H.P.; Hall, L.K. (1991): “Lifetime maintenance of high school
mathematics content”. Journal of Experimental Psychology: General, 120.
En este estudio en el que participaron más de mil
personas se realizó una prueba de álgebra a personas de distintas edades que
habían hecho un curso entre un mes y cincuenta y cinco años antes Las
calificaciones se dividieron en cuatro grupos, atendiendo al nivel de
matemáticas mostrado. Los principiantes obtuvieron porcentajes de respuestas
correctas más bajos y conforme pasó más tiempo entre la prueba y el último
curso de álgebra realizado los resultados fueron peores. Sin embargo, los
participantes con nivel más avanzado recordaban el álgebra de la misma forma
con el paso de los años, lo que indicaba que el tiempo que se pasaba estudiando
la materia era el que determinaba lo que se iba a recordar de la misma.
Implicaciones
educativas
Los docentes hemos de ayudar a adquirir y mejorar
las competencias necesarias según la práctica. Por ejemplo, la práctica continua
de cálculos aritméticos y la memorización de la tabla de multiplicar es
imprescindible en la resolución de muchos problemas matemáticos o el conocer de
memoria las reglas ortográficas es imprescindible para escribir con corrección.
El problema reside en que muchas veces la práctica intensiva puede resultar
aburrida por lo que sería aconsejable espaciar la práctica en el tiempo (para
ello es imprescindible el currículo espiral) y variarla con otras actividades.
6. EL JUEGO NOS
ABRE LAS PUERTAS DEL MUNDO
El juego constituye un mecanismo natural arraigado
genéticamente que despierta la curiosidad, es placentero y permite descubrir
destrezas útiles para desenvolvernos en el mundo. Los mecanismos cerebrales
innatos del niño le permiten, a los pocos meses de edad, aprender jugando. Se
libera dopamina que hace que la incertidumbre del juego constituya una
auténtica recompensa cerebral y que facilita la transmisión de información
entre el hipocampo y la corteza prefrontal, promoviendo la memoria de trabajo.
El juego constituye una necesidad para el aprendizaje que no está restringida a
ninguna edad, mejora la autoestima, desarrolla la creatividad, aporta bienestar
y facilita la socialización. La integración del componente lúdico en la escuela
resulta imprescindible porque estimula la curiosidad y esa motivación facilita el
aprendizaje.
La prueba
En el siguiente video se explica la investigación
llevada a cabo por Roberto Colom y María Ángeles Quiroga en la que se
demuestra una correlación alta entre el rendimiento mostrado jugando a un
videojuego conocido y el rendimiento en unos tests de aptitudes. Jugando
durante 16 horas durante un mes aumenta la cantidad de materia gris de las
voluntarias, que es un indicador del aumento en la capacidad cerebral, se
mejora la coordinación entre regiones cerebrales, la comprensión verbal, el
razonamiento o la percepción visual.
Implicaciones
educativas
El juego motiva, ayuda a los alumnos a desarrollar
su imaginación y a tomar mejores decisiones. Además, existe una gran variedad
de juegos que mejoran la atención, uno de los factores críticos en el proceso
de aprendizaje: ajedrez, rompecabezas, juegos compartidos, programas de
ordenador, etc. Es cuestión de integrar adecuadamente el componente lúdico en
la actividad diaria.
7. EL ARTE MEJORA
EL CEREBRO
La neurociencia está demostrando que las
actividades artísticas (involucran a diferentes regiones cerebrales, en
particular la musical, promueven el desarrollo de procesos cognitivos.
La instrucción musical en jóvenes mejora la
capacidad intelectual como consecuencia de la plasticidad cerebral, sobre todo
en aquellos con mayor interés y motivación hacia las actividades artísticas
(Posner, 2008). Además, en algunos niños, aparecen correlaciones entre la
práctica musical y la mejora en geometría o las capacidades espaciales cuando
el entrenamiento es intenso. Por otra parte, el teatro o el baile desarrollan
habilidades socioemocionales como la empatía y son beneficiosos para la memoria
semántica. Por ejemplo, al hablar en público se genera noradrenalina, una
sustancia que se sabe que interviene en los procesos relacionados con la
atención, la memoria de trabajo o el autocontrol.
La prueba
Wandell, B. et al. (2008): “Training in the arts, reading and
brain imaging” en “Learning, arts and the brain: the Dana Consortium Report on
Arts and Cognition”, Dana Press.
En un estudio con 49 niños de edades comprendidas
entre 7 y 12 años se midieron los efectos de la educación artística (en
concreto artes visuales, música, baile y teatro) en la capacidad y comprensión
lectora. Y se comprobó que la mayor correlación se daba para el entrenamiento
musical.
Implicaciones
educativas
La educación artística debe ser obligatoria. La
instrucción musical o el teatro que tantas habilidades sociales, emocionales y
cognitivas son capaces de desarrollar deberían de formar parte del currículo y
no, como ocurre frecuentemente, quedar como actividades marginales.
Como ejemplo clásico de programa enfocado hacia la
educación artística y que asume la multiplicidad de la inteligencia está el
Arts Propel. Este programa especializado en la música, el arte visual y
la escritura creativa potencia la creatividad y su aplicación ha sido muy
satisfactoria.
8. SOMOS SERES
SOCIALES
Los humanos somos seres sociales porque nuestro
cerebro se desarrolla en contacto con otros cerebros. El descubrimiento de las
neuronas espejo resultó trascendental en este sentido porque estas neuronas
motoras permiten explicar cómo se transmitió la cultura a través del
aprendizaje por imitación y el desarrollo de la empatía, es decir, qué nos hizo
realmente humanos. Se ha demostrado que los bebés con pocos meses de edad ya
son capaces de mostrar actitudes altruistas (Warneken, 2007), por lo que hemos
de evitar en la educación la propagación de conductas egoístas fruto de la
competividad. El aprendizaje del comportamiento cooperativo se da conviviendo
en una comunidad en la que impera la comunicación y en la que podemos y
debemos actuar. Cuando se colabora se libera más dopamina y ya sabemos que este
neurotransmisor facilita la transmisión de información entre el sistema límbico
y el lóbulo frontal, favoreciendo la memoria a largo plazo y reduciendo la
ansiedad.
La prueba
Rilling et al. (2002): “A neural basis for social
cooperation”, Neuron, 35.
En este estudio se demostró en un grupo de 36
mujeres que cuando cooperaban (modelo del dilema del prisionero) se activaba el
sistema de motivación y gratificación de la dopamina, reforzando el
comportamiento cooperativo, generándose más altruismo y ayudando a aplazar la
recompensa. La implicación de la corteza orbitofrontal en el proceso explica
por qué a los niños les cuesta demorar la gratificación, dado que el proceso de
maduración de esta región cerebral se alarga hasta pasada la adolescencia.
Implicaciones
educativas
La colaboración efectiva en el aula requiere algo
más que sentar juntos a unos compañeros de clase. Los alumnos han de adquirir
una serie de competencias básicas imprescindibles en la comunicación social
como el saber escuchar o respetar la opinión divergente. Además, han de tener
claro los beneficios de trabajar en grupo y saber cuáles son sus roles en el
mismo.
La escuela ha de fomentar también la colaboración
entre alumnos de distintos niveles y la compartición de conocimientos (por
ejemplo, mediante presentaciones de trabajos de investigación de los alumnos),
sin olvidar la realización de actividades interdisciplinares. Y no hemos de
olvidar que la escuela ha de abrirse a toda la comunidad.
CONCLUSIONES
FINALES
Los nuevos tiempos requieren nuevas estrategias y
los últimos descubrimientos que nos aporta la neurociencia cognitiva desvelan
que la educación actual requiere una profunda reestructuración que no le impida
quedarse desfasada ante la reciente avalancha tecnológica. Aunque hemos
de asumir que la educación no se restringe al entorno escolar, la escuela y los
docentes hemos de preparar a los futuros ciudadanos de un mundo cambiante. Para
ello, hemos de erradicar la enseñanza centrada en la transmisión de una serie
de conceptos abstractos y descontextualizados que no tienen ninguna aplicación
práctica. Nuestros alumnos han de aprender a aprender y la escuela ha de
facilitar la adquisición de una serie de habilidades útiles que permitan
resolver los problemas que nos plantee la vida cotidiana: un aprendizaje para
la vida. Y para ello se requiere inteligencia principalmente socioemocional.
El aprendizaje se optimiza cuando el alumno es un
protagonista activo del mismo, es decir, se aprende actuando. Y esto se
facilita cuando es una actividad placentera y se da en un clima emocional
positivo. Nuestro cerebro nos permite mejorar y aprender a ser creativos y es
por todo ello que la neuroeducación resulta imprescindible.